top of page

Nuevas masculinidades, nuevas feminidades

  • Foto del escritor: psiceclinica
    psiceclinica
  • 8 oct 2020
  • 8 Min. de lectura

Actualizado: 24 nov 2020


Nuevos roles de género


Alma Hernández

Noviembre 2020


El concepto de “ser humano” no puede explicarse sin acudir a sus raíces sociales, las relaciones del individuo con otras personas y grupos. Baró (1990) afirma que el ser humano es un “animal social por naturaleza”, y es claro, si consideramos que la satisfacción de las necesidades humanas como educación o incluso las más básicas como alimentación requieren de una organización social para satisfacerse. Así pues el ser humano biológico se inserta y desarrolla en sociedad; aquí le son asignados: categorías, roles y funciones para darle un lugar en esta trama.

Una categoría fundamental es la identidad de género, esto es la percepción que de si misma tiene una persona en relación con su ser, femenino o masculino a través de ésta, se pautan las relaciones entre las personas en función de su sexo biológico. En la mayoría de los casos el sexo biológico y la identidad sexual son coincidentes, entonces decimos que hablamos de una identidad cisgénero; pero también pueden ocurrir otro tipo de identificaciones como transgénero y algunas otras. Efectivamente la identidad de género no tiene una relación forzosa con el sexo biológico de la persona por lo que es importante diferenciar entre las categorías de género y sexo.

Este rol social es aprendido desde muy temprano en el seno de la familia; alrededor de los 6 años de edad un individuo ya sabe que es niño o niña aunque aún cree que la pertenencia a dicho grupo se determina en función de atributos externos, como pueden ser la vestimenta y la longitud del cabello; al cabo del tiempo la persona finalmente se identifica y desempeña los roles y funciones inherentes al mismo. Si bien este proceso es vinculante y aporta al individuo sentimientos como seguridad y pertenencia, el costo es la libertad individual. Algunos individuos pueden no sentirse identificados con las características de su identidad y rol asignados y los intentos por forzar la identificación generalmente resultan en un trastorno mental, la disforia de género.

Los atributos, comportamientos y actividades esperados en hombres por ser hombres y en mujeres por ser mujeres son distintos de una sociedad a otra; permean todos los ámbitos de la vida de los individuos y van desde exigirle a un niño que no llore, “porque los hombres no lloran”, a una mujer que se haga cargo de las labores domésticas, hasta en algunas culturas mutilarlos por razones de identificación con su sexo, generalmente en los genitales.

Todo este proceso se legitima a través de discursos éticos, científicos y en su conjunto culturales.

El machismo por ejemplo es una forma particular de actuar las relaciones interpersonales entre los sexos ampliamente extendida en América Latina, en todas las clases sociales y en todos los niveles educativos.

“El padre manda y la madre obedece; si él se enoja puede retarla y golpearla; ella debe ser sumisa y soportar en silencio, es el "destino" de las mujeres, ellas han nacido para el sacrificio. El padre pasa la mayor parte del tiempo fuera de casa, cuando está en ella es exigente y pone énfasis en sus derechos, delegando en la mujer los deberes. Y si a ella no le gusta, puede irse de la casa. La mujer no se rebela porque él la echaría, porque "todos los hombres son iguales"... Antes de casarse, su madre y otras mujeres le aconsejaron lo que ella ya sabía: debía ser sumisa y "aguantadora". Además hay que tener cuidado con otras mujeres, no para evitar que él ande con otras, pues eso es inevitable, sino para cuidar que él no tenga muchos hijos por otro lado y traiga la plata a la casa. A su vez, ella debe tener cuidado con otros hombres, pues si él sabe algo podrá llegar a herirla seriamente y a echarla de la casa. Los hermanos cuidarán que sus hermanas no anden solas, frecuentemente deberán golpearlas para cuidarlas bien. Ellos saben muy bien lo peligroso que es que ellas anden solas, pues una de sus ocupaciones preferidas es .cazar niñas, y luego contar sus hazañas sexuales en el grupo de amigos. Por eso ellos deben cuidar de sus hermanas, para que otros no hagan con ellas lo que ellos hacen con las hermanas dé otros... Así, el niño aprende desde pequeño a ser él también muy macho. No debe llorar ni quejarse, debe reprimir todo sentimiento afectuoso, debe mandar y perseguir mujeres y ser agresivo con los rivales.” Jorge Gissi en Baró (1976).

Todas sociedades tienen mecanismos de control para mantener su organización en la que determinados montos de violencia son permitidos y dirigidos hacia aquellos que pretendan distanciarse de los modelos preestablecidos.

En nuestro país por ejemplo, hay fenómenos de violencia que se ejercen sobre grupos claramente delimitados: sobre las mujeres por ejemplo, como el acoso y los feminicidios y hacia los hombres que expresen una identidad de género distinta del clásico masculino; puede llegar a límites extremos, como son los crímenes de odio. También algunos hombres reconocidos como masculinos pueden ser violentados por otros hombres masculinos por diversas causas, como pueden ser la competitividad, para establecer quién es el dominante, el más violento, el de mayor estatus.

Este tipo de eventos se reconocen como eventos de violencia de género porque las razones por las cuales éstos se dan, son argumentos de género. Por ejemplo el agravamiento en el fenómeno de violencia hacia las mujeres en ambientes de trabajo o las agresiones en la calle, asaltos, secuestros, asesinatos se ejercen sobre las mujeres que hasta hace algunos años estarían en su casa. Son mujeres que en la actualidad trabajan, tienen un aporte económico a la casa y que se están cuestionando su nivel de dependencia hacia el o los masculinos dominantes en su familia; la intención detrás de estas situaciones es generar miedo, vulnerar. Otras expresiones de este tipo de violencia que se ejerce en lo social hacia los no dominantes son: la violencia racial, violencia clasista, “El Bullying”.

De la mujer en contraposición se espera que sea físicamente delicada y débil, emocional, pasiva, complaciente, cuidadora de los otros, excluida de la toma de decisiones y económicamente dependiente. Su espacio de expresión es la casa, este modelo de manera clara, la coloca en situación de dependencia en su relación con los varones de la familia.

Ella es en función de la voluntad del otro, subordinada, desvalorizada, “una cosa”, es el objeto del poder que ejerce el hombre sobre ella. Su cuerpo le pertenece a él, él define su identidad. Ofrece a cambio protección, seguridad económica y valor social.

Pero “Donde hay poder, hay resistencia” Foucault (2019).

Frente a la irracionalidad de esta situación, en distintos lugares del mundo las mujeres comienzan a reclamar derechos, como el derecho al voto. En Estados Unidos, en La Convención Seneca Falls, en Nueva York, en 1848 se abordó por primera vez el tema de derechos de la mujer; esta lucha hermana a las mujeres de cualquier raza y color, y liga este movimiento con otras banderas de lucha como el racismo. También en América en el contexto de la segunda guerra mundial, la compañía Westinghouse Electric anima a las mujeres a ocupar los trabajos que habían quedado vacantes mientras los hombres están luchando en el frente, esa sería su contribución patriótica a la guerra; así se integran al mercado laboral. Las circunstancias históricas las proyectan al espacio público, y para cuando la guerra termina ellas ya han validado su lugar.

Más adelante en los años 60, surge un nuevo movimiento por la igualdad de derechos que coexiste con el movimiento feminista, lo abanderan hombres y mujeres que cuestionan los estereotipos de género e identidad sexual, en ese momento se denominan comunidad Gay. La mirada sigue siendo dicotómica, heterosexual & homosexual y se configuran como otro frente que se opone al los modelos tradicionales. Ambos buscan mejorar sus vidas y ampliar sus libertades y en los últimos tiempos se ha venido sumando a estos discursos el de los hombres heterosexuales, viriles, sensibles a los derechos, de equidad y diversidad de género; estos grupos están replanteándose estos roles adquiridos proponiendo que las personas deben tener la posibilidad de expresarse como realmente son, sin estar expuestos a sufrir violencia.

Particularmente, a los hombres este desafío les enfrenta con su propia identidad; viéndose a sí mismos, se dan cuenta de que ejercen violencia contra las mujeres de su familia, contra sus compañeras de trabajo; violencia normalizada, que pasa incluso desapercibida. Para ellos cuestionar las formas de expresarse y de vincularse puede ser muy valiente, pero les impone costos altos: “los machos”, hombres violentos resultan más atractivos para las mujeres, fascinadas por el romanticismo de esta figura que por tantos años ha vendido el cine. En contraposición con el hombre metrosexual que se apropia de la belleza, o del hombre, cómplice, amigo, compañero que se permite expresar aspectos ligados a lo femenino que a aún resultan extraños.

Actualmente las mujeres también se resisten a estas propuestas, pues desde la victimización hay un ejercicio del poder, por ejemplo en el modelo “matriarcal” de familia. Este es el lugar por excelencia en que los modelos de relación se transmiten de una generación a la siguiente, imponiendo valores educativos distintos para niños y niñas, la llamada “doble moral”, una para él, otra para ella.

Los niños reciben todas las prerrogativas; muy pronto muestran su dominancia y les es reconocida; si las posibilidades de la familia son cortas la oportunidad de estudiar se le brinda a él, sus hermanas y su madre “lo atienden”, los límites morales que se le imponen son menores en comparación con sus hermanas; sus inconsistencias, sus fallas son en muchos casos minimizadas; incluso sus mamás como adultas cuando los jóvenes llegan a cierta edad se subordinan a su palabra. A las niñas en cambio se les exige sumisión a los adultos y particularmente a los varones; ser obedientes, complacientes, colocarse en segundo término son valores muy importantes en la educación de las niñas, con la promesa de que el hombre que las elija, lo hará por estos atributos. A cambio, será protegida, será mantenida económicamente, será amada. No se le prepara para hacerle frente a las demandas del afuera, ser autosuficiente económicamente, enfrentar un espacio público competitivo.

Efectivamente, el construir nuevas formas de expresión, nuevas formas de relación es un proceso muy nuevo que deberá surgir de estructuras viejas y que aún tiene muchos detractores; en este contexto, autores y grupos están aportando propuestas, tal es el caso de Ángels Carabí (2000).

La autora propone formas de relación, no sexistas, no homofóbicas, no racistas, no clasistas.

Algunas de las cualidades de estas nuevas masculinidades incluyen:

  • -Compartir el control de la realidad con las mujeres.

  • -No utilizar el poder para imponerse sobre otros/as.

  • -Luchar por disfrutar de su trabajo y de su hogar por igual.

  • -Compartir las labores domésticas y el cuidado de los hijos e hijas.

  • -Agruparse con otros varones para plantear cambios en sus actitudes.

convencionales.

  • -Promover la no violencia en sus hijas e hijos y en otros hombres.

  • -Oponerse al machismo, reconocer las consecuencias negativas que éste ha traído a sus relaciones interpersonales.

  • -No ver amenazada su masculinidad por compartir sus puntos de vista con las mujeres.

  • -No considerar la homosexualidad como un peligro para su masculinidad.

  • -Ser contrario a una educación sexista y homofóbica para los hijos e hijas.

Por otro lado las nuevas feminidades, es decir las nuevas formas de ser mujer implican actitudes como:

  • -La toma de decisiones, principalmente aquellas que estén relacionadas consigo mismas.

  • -Ser proactivas, disminuir, la dependencia de los otros.

  • -Establecer relaciones más equitativas con otras mujeres y con los hombres.

  • -Hacer valer los valores, los puntos de vista, los intereses, las necesidades propias ante los demás.

  • -Conciliar entre la vida laboral y la vida familiar.

En México algunos caballeros encabezan espacios para la reflexión sobre estos graves problemas de derechos humanos, como “Hombres por la equidad” y como GENDES. Reciban todos, nuestro reconocimiento.

Bibliografía

Carabí, Á. y Segarra, M (2000). Nuevas masculinidades. Icaria. Barcelona

Baró, I.(1990),Acción e Ideología, Psicología Social desde Centroamérica. UCA.El Salvador.

Foucault, M. (2019) Historia de la sexualidad, la voluntad de saber. Siglo XXI. México

Gissi Bustos, Jorge, Feminidad y machismo, mitos culturales, Martin-Baró (Comp.), Problemas de psicología social en América Latina. San Salvador: UCA/Editores, 1976.

www. hombres por la equidad. org

 
 
 

Comentarios


Psicología Clínica Especializada

Formulario de suscripción

¡Gracias por tu mensaje!

015519024095

  • Facebook
  • Twitter
  • LinkedIn

©2019 by Alma Hernández. Proudly created with Wix.com

bottom of page